¿Y bien? ¿Estás segura de esto?- todavía retumban esas palabras en mi cabeza, cual cañones en el campo de batalla, tan frescas como flores recién cortadas por la mañana.
No estoy seguro sobre el motivo de mis acciones... (una respuesta bruta de lo mas profundo de mi cabeza), quizá el juego macabro que me invitas a jugar es atractivo para el estado de las cosas putrefactas que quedan en éste lugar, parece que eres una luz en el vacio, una salvación en el limbo.
De repente apareces con una revelación bajo el brazo, con una epifanía malvada, me abres las puertas, intento entrar y en automático se cierran, otra vez volví a caer en la red de mariposas.
Es invertir el tiempo en charlas titubeantes, siempre resulto que yo era el culpable, no había más responsabilidad que la que cargaba en mi cabeza. ¿Hasta cuando abusarás de mi tristeza? De esta tristeza amarga que te recuerda casi sagrada, casi diosa, fuiste mística. No responda, bueno, de todos modos no lo harás.
Y una noche decidiste regresar y yo si te deje entrar.
Porque era vulnerable y usaste las palabras que quería escuchar, sin tanteos te hubiera dicho que sí, sin despertar ningún sentimiento de culpa.
Todo lo que continúa es ficción. Probablemente una borrachera eterna, un cuarto de hotel barato, una mañana de ayuno. Y lo único que recuerdo es: ¿Y bien? ¿Estás segura de esto?
Yo espero, espero sentado tu próximo llamado porque respondo a instintos y sigo siendo un intenso por que así me recuerdas.
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