A Claudia por su sonrisa que vitaliza. A Wero, a la Dra. Karen, y a los revolucionarios que no usan las manos.
Nunca fallas… como las últimas veces estas ahí, sentada, esperando el amanecer con lágrimas en los ojos. No llores. Te amo.
Falta un poco de ternura en mis palabras, lo se; pero a ti te falta un poco de lujuria por las noches estrelladas, no limites nada, no ahora.
¿Quién tiene la cura? Mañana puede ser mi último día. Fotos, recuerdos, cartas e insignificantes trozos de chocolate almacenados en una caja bajo mi cama, eso fui… ahora no soy.
La piedra en tu tenis tiene nombre, apellido, rostro, cuerpo, tiene alma, emociones, odios, tiene pasado contigo, ¿Yo qué tengo?
Hay mas preguntas que respuestas, ¿Quién observa a quien?
Tu cuerpo desnudo como estatua sobre la alfombra de la sala, como rito dedicado a Eros como invitación a un juego en el que ambos podemos salir heridos, pero extasiados de gloria.
Porque los hombres son estúpidos, son mentirosos, traicioneros e hipócritas, por eso me alejo de ellos, por temor a lastimarlos.
Si hubo hijos de la revolución, tambien hay hijos de la mafia. Hijos bastardos de la posmodernidad, hijos de madres sagradas regadas por el jardín terrenal.