A mi dialéctica...a Rebeca.
(Agradece que no use la jerga marxista)
El escenario: Un cuarto de hotel barato a las afueras de la ciudad de cuyo nombre no quiero acordarme.
La situación: ¿Es necesario mencionarla?
-¿Alguna vez pensaste estar así?
-¿Así? ¿Así cómo?
-No sé, en esta situación. No sé si esto es un triunfo o una derrota de mis deseos. Una pasión enferma como todas las pasiones.
-(Risa) A veces my dear, dices cosas tan curiosas que hacen estallar mi risa.
-Eso es lo que busco. (Nos besamos).
Después de la décima copa de lo que fuese…
-Te quiero, no por ahora, bien sabes que mi corazón es de otra. Te quiero por lo que fuiste, por lo que eres en mi cabeza, un hermoso recuerdo de niñez. Te amo simplemente por recuerdos, por situaciones pasadas.
-Yo siempre te he querido. Ahora no sabemos lo que hacemos, mañana tampoco.
-Es inevitable estar contigo y no pecar.
Frases breves para recordar, breves cariños para que queden grabados en el pecho de los dos.
La tenue luz de la luna asomándose por la ventana, afuera una trifulca de ebrios compañeros. Es inevitable no pensar en la dialéctica marxista, en el maniqueísmo de la civilización. El acto más bello al que me he expuesto es inmolar tu cuerpo con mis besos.
-¡Corina! Ahora recibe ese nombre, como lo ha recibido ella la que me estará esperando despierta mientras fuma una cajetilla completa de Malboro.
-¿Por qué te empeñas en colocarme a la altura de las mitologías?
-Es inevitable, eres diosa, reina, eres perfección andando y yo un loco soñador huyendo de la mísera realidad. Tu ubérrimo cuerpo, de hoy en adelante será un ínclito monumento de la vida.
-Olvida las palabras inusuales, sólo ámame como dices que lo hacías, no sueltes mi cuerpo, ¡Amárralo al tuyo!
Todo lo demás resta, lo hago por reticencia, por ocultar lo evidente. Esto debe ser leído: Si quieres ser amado, ama…
Al final ella susurra:
-Nadie puede llevar una mascará toda la vida.