jueves, 22 de diciembre de 2011

La noche impaciente


Los tiempos son complejos, mi hermano piensa en la eternidad del cangrejo mientras está recostado en su cama. Yo, en cambio, prefiero mutilarme la mente escribiendo una sarta de ideas que no guardan conexión. La posición perfecta de las sabanas, la poca luz que lastima mis ojos, la posición incorrecta de mi espalda que me ha valido ciertos regaños y criticas. El reloj que no pasa de las 12:03 am. En realidad espero, espero porque en la forma y en el fondo te quiero.

Podría encender un cigarrillo pero no estoy pensando en nada. ¿si imagino mi vida como si fuera un pájaro? Un leve escalofrío recorre mi cuerpo, tengo comezón detrás de la espalda; estoy silbando como pajarito. Posiblemente hubiera sido mejor ser una araña ¿y si fuera una lagartija? Y tomar el sol sobre una piedra. Mejor una piedra ¡que interesante la vida de una piedra! ¿O mejor un caracol y vivir en Francia? ¡Por dios, ya no estaría vivo!

Mejor una medusa, nadie se mete con ellas. Lo más extraño es que no tienen cerebro. Es algo que no tiene sentido.

Esto es una recolección de ideas sueltas de mi compañero de cuarto, una asociación de palabras que arroja al aire con el fin de que las capte para que les de significado. Estoy igual de perdido que él. Seguro es por la cena con vino.

El reloj no avanza, ya lo sé. ¿Fue una broma haber encontrado por la tarde a dos lalos? Un golpe de fotones me da en la espalda. Pienso en mis primos pequeños en lo pueril de su mente. Tengo un chicle pegado en la panza.

¡¡¡Ya tengo mi Bovary!!!

La espera tuvo un desenlace alentador. Ya no escucho a mi interlocutor, y me voy a sumir en tus palabras, me perderé en los diálogos y me pensaré a tu lado… durmiendo.