A Rebeca.
A mis amigos.
A todas las Auras y Soledades.
Y otra vez estoy solo, como otras veces lo he estado, ya nada me inmuta, ni el sabor extraño de este café.
Ha pasado el tiempo, y cada uno de los tres tomo el camino que más le convenía, por ejemplo Aura después de responder mi carta, ha tomado un avión y ahora vive feliz en la París de sus sueños; esto lo sé porque su hermano me ha confesado que después de mí, no pudo sobreponerse al golpe que recibió, por poco y su hermano me mata de una golpiza como recompensa, pero después de pagar mis curaciones y llevarme flores al hospital; somos tan buenos amigos como antes, que de vez en cuando puedo ver fotos que Aura le envía. Las razones para excusarme serán infinitas pero no me voy a excusar de nada, Aura sabe cuanto la amé y todo lo que di porque ella estuviera bien a mi lado. La verdad es que no hay verdad.
Ahora la lluvia cae sobre las personas que corren para encontrar un refugio, en la mesa de a lado un par de jóvenes hablan de sus planes después de la carrera, eso me pone contento en parte, porque por lo menos saben a donde ir, yo siempre he sido un marinero en alta mar que naufraga y vuelve a naufragar, lo único de lo que siempre he estado seguro es de mis palabras.
Por su parte, a Soledad después de confesarle que por fin había dejado a Aura, me mando al diablo. Dijo que era mejor estar a un paso del Carajo, que estar conmigo, no sé, quizá jamás le ha parecido bien la idea de ser una especie de novia “oficial” porque sabe lo que puede pasar, Soledad siempre ha preferido estar en los segundos lugares o esconderse detrás de escena, lo supe desde que la conocí, jamás habló frente al micrófono ni siquiera buscó ser alguien popular en la secundaria. Cuando me dijo todo lo que paso en casa de su abuela, entendí que probablemente solamente venía en busca de respuestas. Lo peor que nos pudo pasar a los dos, es que ambos buscábamos respuestas.
Frente a mi está sentada una joven de cabellos negros, espectacular, que frase ocuparé hoy, ¿un hola bastará?
Por mi parte yo…yo siempre he jugado este papel, el de amante de la soledad con suerte de principiante. Siempre todos en algún momento de nuestra pequeña vida, jugamos este rol. Ahora estoy solo, lo que se ve no se juzga. Deje todo atrás, en el camino ha quedado Aura y Soledad y una parte de mí. Veo como pasan los niños que salen de la escuela, pienso en ellos y en lo afortunados que pueden llegar a ser, si logran colarse entre los mejores. Dejar de ser uno más.
La ciudad es demasiado grande para mí, para mis libros y para mi gato. Creo que huiré de todo, buscaré refugio en un espacio sin dueño. Así es como acaban las cotidianas historias de amor, los “mortales” triángulos amorosos, donde solamente escuchamos una parte de lo sucedido.
Finalmente Aura, Soledad y yo tenemos lo que siempre buscamos. Pago el café y salgo del lugar sin dejar propina.
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