Aunque de cafés nadie habla.
A las musas y a las antimusas
Creo que compraré mi impermeable de cinco pesos. Para que me proteja de otras cosas.
Hoy trataré de evitar escribir de ti, sobre ti, sobre tu cuerpo, sobre tu sexo. Dejaré atrás la
Y ahora veo con desagrado que encontraste un nuevo amor, una nueva figura en la que
etapa púber que me atosiga de día y que de noche satisface una cortesana de cuyo nombre no
derramaras tu pasión. Una nueva persona a la que darás los besos que no me diste, que no te
guardo registro. Voy a dejarte a un lado, varada, en lo que mis culpas se inmolan en el altar de
pedí, por miedo a perderte. Te extraño y se que jamás leerás esto, soy tan patético. Como esa
Windows (cero y uno); voy a convertirme en un extraño pastor de ovejas, en un extraño
última vez que te vi. Y que fingimos recordarnos intactos y puros, en la que éramos niños;
discípulo de nada.
sin prejuicios, sin sueños vánales, sin hipocresías impuestas por los demás, sin ficciones;
Es una guerra literaria, no hay musas, no hay liras, no hay arpas. Solamente nuestras palabras
tú siempre tú, la eterna. La que tiene nombre de diosa, la que me enseño a soñar y volar y
que mutuamente nos regalamos como muestras de afecto. No encuentro una metáfora para lo
amar y todo lo demás lo reservaste para alguien más. Mientras yo me masturbo con el
que pasa por mi mente, mi corazón sigue intacto. Y seguramente después me pedirás leer a tu
recuerdo de las que estuvieron antes que tú. Mientras les regalo mis besos a desconocidas en
autor favorito, al que mejor redacta tu vida. Pienso que somos ficción, no hay más de cuatro o
el parque de la gran ciudad. ¿Algún día volverás?
cinco historias. Las demás son copias.
Y el gato maúlla porque hambre tiene. Y Baudelaire me regala los retratos más deliciosos que
Y no tiene caso poner palabras huecas, autocensurarme, y provocar el llanto de mil fanes
mis ojos intentan ver. Pero regresas a mi mente y la atrapas. Y me confundes y te amo.
desesperadas. Provocarme un paro cardiaco o lo que sea, para salir de aquí. Creo que lo hemos
¿Cuántas lagrimas se necesitan para olvidarme de mi mismo?
perdido.
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