A mi novena de Beethoven, a mi quinta internacional...
En fin… ya no la escucho, sólo veo el movimiento de sus labios y me pregunto hasta cuando dejará de hablar. Es patético discutir sobre un tercero, pero yo inicie la conversación. En el amor el futuro no es un tiempo verbal que se conjugue, ya lo entendí.
Y llego planteando la situación de una completa desconocida para Aurora (suelo decirle Aura, por eso de la novela) mi novia, ¿Por qué busco soluciones a problemas inventados?, ¡Porque diablos, la sigo amando! (a mi amiga).
Pero esta también Aurora los viernes a mi lado en el sofá viendo películas de bajo presupuesto y esta ahí a mi lado en las marchas pidiendo más atención a los olvidados y esta ahí entre el colchón y yo cada tres días a la semana. ¿Pero dejará de hablar un día de si misma? (¿O es sólo un lapsus egocéntrico? Ya ni sé la verdad), ¿De su futuro, donde yo no aparezco mas que para recibir cartas y cables?
Y al fin logro escuchar:
-Lo siento, pero estoy nerviosa, ¿sabes? Esto no es sencillo…
-Si, lo sé (enciendo un cigarrillo, después de todo hay que romper reglas)
-¿Desde cuando fumas? ¿Por qué nunca me habías dicho esto?
-No tiene caso decirte de mis vicios y/o hábitos, es mas no sé porque compartí contigo lo de mi amiga.
-Lo hiciste porque me tienes la suficiente confianza para decírmelo…
Es tétrico el escenario en el suelo yace una botella de vodka a la mitad, una cajetilla de cigarros gastada por el maltrato que recibe al estar en la chaqueta, un par de libros viejos acerca de moral, revistas y una mesita con una pequeña planta al centro, planta que no se que nombre tiene de este lado de la ciudad.
Respuestas cortas a las preguntas que surgieron durante los treinta minutos siguientes.
-¿Pero quién te crees tú? ¿Freud? ¿Fromm? –alcanzo a decir en un tono para cerrar la platica.
-Hablas como si ya no quisieras mi ayuda, cuando fuiste tú mi estimado quien me la pidió
-Mira camarada, mi situación no puede ser más confusa, estoy en el limbo, estas tú aquí preguntándome sobre alguien que conocí hace años divirtiéndote de lo lindo, incluso disfrutando mi estado me atrevería a decir; y está ella en algún lugar sufriendo una miserable vida de la que yo creo que soy culpable.
-¿Ahora eres el culpable? Parece que prefieres ser el protagonista de tus historias en lugar de serlo de tu vida.
-¡Al diablo con todo esto, quizá tengas razón! ¡Carajo!
-¡Hey, tranquilo! One moment!
Tomo las llaves, mi chaqueta sucia y salgo de la habitación, no me molesto en mirar el reloj, la última vez que lo hice era para encender la TV hace no más de 69 hrs.
-¿Cuándo volverás?-dijo ella como desesperada
-¿Cuándo me tranquilice? (empiezo a recordar una canción de Café Tacvba)
-Está bien, Te quiero.
Volteo a mirarla y le digo: Yo también te quiero.
En otro momento hablaré de lo que implica un te amo, por ahora cierro la puerta y veo el cielo a mis pies. Camino por las calles de mi Paris imaginaría, doy vuelta en “U” dos calles delante del café de moda, siento una pesadez en mis piernas, mi mente divaga entre recuerdos infantiles memorables y los primeros besos con Aura. Lo mejor es buscar a mi amiga a quien llamaremos Violeta Cristina. No, ya sé, mejor busquemos en lo mas oculto de mi vida, ¡Quiero ver a Alberto!, sigo derecho por la gran avenida, el viento sopla muy fuerte, la gente corre, yo quiero ver a Alberto…
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