Tuve un sueño muy extraño, una biblioteca en medio de una laguna, me parece el bunker perfecto para pasar horas a solas, o en el mejor de los casos acompañado, me resulta grato tu recuerdo. Vaya forma de pasar el rato.
Estuve a punto de ir a la cama nuevamente solo; entonces recordé que en el segundo cajón de mi buro derecho guardo una agenda con los teléfonos de las mejores putas de la zona. Me acorde del rito sexual de la ultima noche, de la actitud hostil que tuve con aquel par de trigueñas al amanecer; soy una historia mal contada, un imbécil mitómano, un simple humano.
Entonces me vino a la mente tu nombre completo (dícese con todo y apellidos), me muero de ganas de escribirlo, pero sería un suicidio. Hasta hace unos días me cuestionaba acerca de la hipocresía para con mis semejantes, pero la verdad ese tipo de comentarios a nadie le resultan agradables. Claro, estoy solo, siempre he estado solo; a la mujer que soñaba… la he olvidado.
¿Quién no ha sentido depresión? Es normal, es la enfermedad del siglo XXI, de la digigeneración del homo videns, es acaso el nuevo ocaso. ¿Quién no se haya sentido nunca defraudado que arroje la primera piedra? Dios también tiene días muy pesados. Si estuve apunto de meterme a la cama solo nuevamente, pero me acorde de los fantasmas que me persiguen, de las fotos mal veladas, de los puntos y comas en mi cabeza, obviamente mas de los puntos finales.
Nada es todo para algunos, todo es nada para otros, lo que para ellos resulta amargo, a pocos les apasiona hasta el fondo. Pero te recomiendo no me hagas caso, porque nunca digo la verdad.
Por mas que quiera escribir un par de cuartillas, mi ánimo no da mas que para unas cuantas líneas, mi cansancio intelectual, es un lastre, soy como los miles de poetas sin certificado, soy uno mas de aquellos que se rentan para soñar, era un idealista hasta que comprendí que lo que pedía no cabía en este lugar.
Y si estuve a punto de dormir solo, pero le llame a Diana, una compañera de primaria, le dije que la esperaba a las once en el café más próximo a su casa, que se pusiera linda porque solo quería observarla y que estuviera dispuesta a escuchar a un pobre hombre sin ojos, sin tacto, sin olfato, sin vida, seco por dentro como dicen ahora…
Y por culpa de Diana no dormí en dos semanas.
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