domingo, 17 de agosto de 2008

"La escafandra (Parte I)"

Son alrededor de las diez de la noche, he fumado el último cigarrillo de la cajetilla en un tiempo considerable, lo disfrute y se que el cigarro disfruto como lo hice. Ha comenzado a llover, las calles por las que camino se han vaciado de personas, solo quedan los fantasmas de los amantes que desean experimentar un beso bajo el calor del agua de Agosto, yo sonrió simplemente y deseo sentir su sensación.

Camino sin prisa da lo mismo, desde que no estas la lluvia me cubre entre sus brazos, recuerdo las noches llenas de pasión, de amor, bajo el espectáculo de las estrellas; viviré de esos recuerdos, los mas lindos de mi vida. No puedo afirmar que fuiste mía, pero si que yo fui algo similar a un esclavo. Las nubes no dejan ver la luna, la que tantas veces te regale y que seguiré haciendo no me importa lo distante que estés. Vaya es la primera ves que siento que me depara algo bueno el mañana, no se que diablos será pero será algo bueno; un brillo se deslumbra al final de la carretera, sigo con el mismo paso, es este tipo de luz la que se acerca a mi, cuando menos me doy cuenta ya me arrollo y mi cuerpo inerte yace sobre el asfalto frío.

Despierto en un cuarto de hospital, trato de moverme pero mis brazos y mis piernas no responden, estoy asustado, en un rincón se encuentra mi madre recostada quizá es de madruga pues esta dormida. Cuando trato de hablar, mi lengua falla, los ruidos que emito son suficientes para despertar a mi progenitora, se alegra de verme reaccionar, yo quizá no estoy tan contento. Me susurra que han pasado más de tres meses, que es gratificante ver mis ojos y que gracias a dios y las oraciones de todos he vuelto a nacer.

Al cuarto día me visitan algunos amigos. Traen consigo unos regalos, una lágrima corre por mi rostro, estoy tranquilo, pensé que estaba solo. Logro articular mis primeras palabras: “Gracias, ¿Pero donde esta ella?”, una voz se asoma desde el pasillo; “Estoy contigo siempre he estado contigo”, mi corazón se acelera, pero no es suficiente para lograr un milagro, sigo inmóvil y la pesadez de mi cuerpo es sorprendente.

Varios meses han transcurrido, ahora desde la cama de mi alcoba, veo como se asoma el sol y entra el verdadero brillo por la ventanita de enfrente, tengo la esperanza de que todo mejorara. Tengo fe en eso.

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