jueves, 9 de abril de 2009

"Segunda Parte"

Cada día descubro lo poco que significa ser yo, tengo miedo aunque no lo refleje.
Nunca había sentido esto en lo mas adentro de mi cuerpo, era una descarga eléctrica corriendo por mis venas cada vez que pensaba en ti, jugaba dormido a soñar con tus manos acariciando mi rostro, todo era tan perverso a esa edad. Después cambio mi percepción a cerca de ti, en la escuela corría el rumor de tus amistades fuera del salón, que estabas en el grupito encabezado por Ingrid, y al que los compañeros habían nombrado el club de las “putas”, yo ignorante de la verdad de aquel adjetivo no deje de creer en tu inocencia; la semana santa fue una tortura completa me sentía extraviado frente al televisor, las películas sobre Jesucristo llenaban el tiempo que nadie quería vivir de noche, la comida es espantosa en esas fechas, mi madre (mujer piadosa y devota a san Cayetano, el santo de las situaciones perdidas) se la pasaba repitiéndonos que fuéramos buenos con los demás, que amaramos a todos como a uno mismo incluso a nuestros enemigos, que aprendiéramos a perdonar todos los errores cometidos; pero sabia que eran palabras vacías como su vida.

En las siguientes semanas comencé a creer en aquel ser divino que llaman Dios, la maestra de Ciencias Naturales en una de sus clases pidió formáramos equipos para trabajar desde ese momento hasta la ultima semana de clases; obra divina o casualidad tu estabas en mi equipo tan llena de silencio pero tan linda como la primavera.

Todavía tengo grabado en la memoria el discurso que dio el Director, el día de las madres pero aun tengo grabado aquel verso que pronunciaste ante un auditorio repleto de señoras gordas, con vestidos espantosos y maquilladas como payasos de circo; “A ti dadora de vida, encargada de dar amor, te regalo mi corazón”. Detrás de mi la voz de Gerardo en un tono burlón, decía que te había visto los calzones en la clase de educación física, sabes no resistí y le acomode tremendo puñetazo en su nariz que tuvieron que sacarme del lugar porque lloraba de coraje, aun sabiendo que eso no era verdad.

Mientras hablas en Ciencias Naturales, me dedicaba a escuchar cada palabra saliendo de tu boca, eran las notas musicales más complejas que hasta entonces había oído, recuerdo que eras muy buena en la oratoria, y en las clases de taller de expresión, en cambio yo era parco y carente de imaginación, (por eso estoy aquí). Los días de Mayo anunciaban el ocaso del año escolar, mi preocupación era no saber ya nada de ti, después de salir de ahí.

No estoy acostumbrado a contar esto, los últimos días en la escuela eran muy tristes, a mis oídos llegaban comentarios acerca de que te besabas con Miguel detrás de los baños de hombres, que comías helado con Cristian a la hora del recreo y que Ingrid no se cansaba de alabar tu capacidad para tener a los niños como perros falderos, para esos instantes había descubierto que las lagrimas no bastaban para disculpar esas ofensas para ti.

Después de todo te ibas como el otoño, no había pretexto alguno para detenerte no hice ningún esfuerzo por a cercarme a ti, ni un sutil hola mucho menos un gracias, nada de platicas, de encuentros ocasionales a las afueras de la escuela, recuerdo el momento en el que pasaste a recoger tus papales y tuviste que ponerte de puntitas para alcanzar a besar a la maestra de español, esa imagen todavía la conservo almacenada, tal y como fue…

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